domingo, 7 de abril de 2013

La Partida

Hoy es Domingo 7 de abril de 2013, son las 4:36 de la tarde, y...

Con lágrimas en los ojos escribo,,,  Ya no estoy con los que amo...

No recuerdo el día, pero finalmente él dijo las palabras que moverían mi ser...
Discutimos por una tontería, como cualquiera en los últimos años,
 y...  es que no alcalzo a comprender, ¿Cómo puede ser posible que un hombre que trabaja de forma independiente, de pronto no alcance a comprender la magnitud de responsabilidades que implica tener un negocio propio?
¿Cómo un hombre puede apuntar siempre a beneficiar a otros a costa de sacrificar a su familia?

Entiendo que cuando las circunstancias son tales, el hombre debe trabajar, cuidar a sus clientes, dar un servicio de excelencia para progresar, pero también entiendo que quienes trabajamos a su lado, merecemos cuando menos un: "Gracias, me doy cuenta de tu apoyo".

Odio quejarme, pero hay un montón de preguntas golpeando mi cabeza.
Ese día, me quejé, reclamé tajantemente todas sus desconsideraciones, después de una larga discusión, el dijo:  "¿Para que te quejas? ¡No puedes hacer nada! Tienes que aguantarte... ¿Para que reclamas?..."

Tantos años intentando, persuadiendo, sugiriendo y nada, lo que había obtenido ¡Era nada!
En ese instante comprendí, que todo acuerdo que tuvimos, fué roto porque él, siempre pensó que yo tenía la obligación de aguantar todo...

No es que lo aguantara, es solo que tenía la esperanza en que un día, él encontraría el equilibrio etre su egoísmo y el amor que dice tener por mí.
Y no es que no pudiese hacer nada, es que para hacerlo, tenía que renunciar a todo lo que había hecho, a todo en lo que había trabajado, a todos los proyectos, a mis sueños más sublimes de vida familiar...
Tenía que renunciar a mis esperanzas, al amor que siento por él...
Le dije que le devolvía su libertad, su soledad que tanto peleaba, que podía marcharse cuando quisiera e ir a donde y con quien el quisiera; siempre contestaba que no quería irse, que lo perdonara, que quería quedarse, que solo estaba ofuscado cuando decía no amarme...

Cada vez fué lo mismo y yo creí...
Pero finalmente pronunció las palabras que me hicieron reaccionar:  "¿Para que te quejas? ¡No puedes hacer nada! Tienes que aguantarte... ¿Para que reclamas?..."

No es que no pueda hacer nada, es que para hacerlo hace falta renunciar a lo que amo...  (Mis hijos, mi hogar, mi familia, mi sueño de terminar los días a su lado ancianos, enamorados y llenos de nietos)

Creo que mis hijos también estaban cansados de ver mi dolor, me apoyaron en mi desición y hasta me alentaron...

Durante las siguientes 3 semanas trabajé en dejar mi casa ordenada y dispuesta para que les resultara un poco más fácil la vida a mis hijos, tiré a la basura todo lo que pude y almacené algunas cosas mías en un pequeño rinconcito de mi recamará, quite nuestras fotografías de boda y deje ese cuarto para él solo, al hacerlo solo podía recordar su voz diciendo:
 "¡Quiero mi independencia, quiero estar solo, yo no se trabajar acompañado!
Lloré tanto...
¿Porqué no irse si no me amaba? ¿Porque no dejarme y permitirme hacer mi vida con mis hijos? ¿Porque hostigarme y acorralarme hasta obligarme a decidir entre mi amor propio y el amor que siento por mis hijos?

Espero ellos sepan comprenderme y puedan perdonarme algún día; espero que entiendan que no quise darles una madre atormentada, sino una madre valiente, dispuesta a luchar por ellos siempre, con profundo amor y respeto por ellos y por ella misma.

Tengo un hijo de 23, uno de 22 y otro de 18, confío en lo que les he enseñado, en lo que ellos son y sobre todo en Dios.

Salí de mi casa el 23 de marzo a la 1:00 hr. de la madrugada, con dos pequeñas maletas, un paquete de obleas que me regaló mi hijo Juan, quien tuvo que presentarse a trabajar en el turno de tercera, los abrazos de mis sobrinos, mis hermanos, mis padres y mis hijos; un prestamo de cuatromil pesos que me hizo mi esposo y quinientos pesos que me regaló mi madre...

Salí de mi casa, de mi matrimonio con menos de lo que entré... con las manos vacías, con el corazón roto en mil pedazos... tengo grabadas las siluetas de mis hijos y mis padres diciendo adios desde abajo del autobus.

Mi esposo también estaba, en los últimos momentos me pidió que no me fuera, que me quedara, que visitaría un especialista, yo le prometí que volvería, pero que debía tomarme un tiempo para sanar mis heridas, y que no iva a permitir que siguiera lastimándome.

Esa promesa me hizo albergar una esperanza, quizá la última que me permita albergar, las cosas no marchan como lo prometió...  Tengo miedo del futuro, estoy triste, vivo mi día a día con profunda fe en Dios, eso es todo lo que puedo hacer por el momento...

Creo que te visitaré más seguido querido diario...